Para mi vigésimo cuarto cumpleaños Uri me sorprendió con el regalo más impresionante de toda mi vida: un viaje en helicóptero por la isla. Después de muchos madrugones sin frutos, en los que era imposible volar por culpa del mal tiempo, al fin conseguimos realizar el vuelo. Duró una hora y en esa hora vi imágenes tan abrumadoras y tan bonitas que me cuesta describir, pero que nunca podré olvidar, a pesar del mareo. En este recorrido vimos los lugares más impresionantes de la isla desde el aire: los tres circos, el volcán, el cañón de Trou de fer, Takamaka, Grand Étang y la barrera de coral. Las fotos son regulares por culpa de los reflejos del cristal y de las hélices, pero creo que merece la pena echarles un vistazo.
He dibujado de manera un poco cutre el recorrido que hicimos en este mapa para que os hagáis una idea:

Nos dieron las tarjetas de embarque más ochenteras de la historia:

Estábamos muy contentos y muy bonicos esa mañana.

Salimos de los altos de Saint Paul y nos lanzamos un poco hacia el mar. Después entramos a tierra en dirección al Circo de Mafate (el más inaccesible de todos los circos).

La entrada a Mafate fue impresionante. Estábamos avanzando montaña arriba y cuando parecía que íbamos a llegar a una cima, la montaña se rompió en un acantilado abrupto y el helicóptero se dejó caer hacia el interior del circo como en un tobogán. La sensación era sobrecogedora, como estar en una montaña rusa viendo las montañas más cortantes y afiladas que puedan existir.

Sobrevolamos el circo de Mafate durante unos minutos y emprendimos de nuevo una subida para pasar al circo de Salazie, separados ambos por una pared casi vertical. El paso de un circo a otro fue increíble, pasamos de tener la montaña a sólo unos metros por debajo de nuestros pies a tener el suelo a unos 300 metros. El circo de Salazie es mucho más lluvioso y accesible por carretera, por tanto, está más desarrollado. Siempre está verde y lleno de cascadas.

La montaña que se ve al fondo es el Piton des Neiges, el pico más alto de la isla, 3070m.

En la Réunion, durante la estación húmeda las montañas se llenan de ríos y cascadas, lloran agua por todas sus vertientes, como un paraguas.

Uno de los momentos más emocionantes de este vuelo fue la entrada al barranco de Trou de Fer, un cañón de 300 metros. Los exploradores, arnés y cuerda en mano, no se atrevieron a descenderlo hasta finales del sigle XX, es de los descensos de barranquismo más difíciles del mundo, se tardan dos días en llegar al fondo y hay que dormir colgado en la pared. Verlo en helicóptero es una de las pocas posibilidades de ver esta maravilla de la naturaleza. De hecho, el acceso en helicóptero al «agujero» es de los momentos más inolvidables de este vuelo y es que para llegar a su interior el helicóptero entra esquivando las montañas en zig-zag y al final de un tramo de nervios, tensión y emoción, se abre ante tus ojos un espectáculo que no se puede plasmar ni en las fotos ni describir con palabras, un agujero en la montaña con cascadas tremendamente altas y una poza al fondo para el que se atreva a bajar y darse el baño más reconfortante de todos los tiempos. Los helicópteros pueden aterrizar en el fondo, pero sólo lo hacen los vuelos privados.

Después de tanta emoción y momentos e imágenes tan fugaces, sobrevolamos tranquilamente el bosque primario de Belouve y Bebourg para asimilar y recibir un momento de paz. Un bosque precioso de imponentes árboles.
El viaje sigue y llegamos a Takamaka, el cañón donde más llueve del mundo. Aquí es posible acceder a pie, pero es una excursión un tanto peligrosa, que casi siempre está cerrada por lluvias o derrumbamientos.

Llegamos a Grand Étang, un gran lago de agua dulce y las cascadas de Bras d’Anette («el brazo de Anita»).

Tras salir de la frondosidad del este de la isla, llegamos a la Plaine de sables (la llanura de las arenas), donde los colores rojos de la lava nos hipnotizan y nos hacen creer que llegamos a otro planeta.

Desgraciadamente, estaba tan mareada al llegar al volcán, que no pude hacerle una foto al inmenso cráter, el Piton de la Fournaise. Si algún día me lo pedís, os enseñaré el montaje de vídeo que he hecho sobre este viaje. De todas formas, en la foto de debajo se ven pequeños cráteres.

Tras el volcán, entramos al circo de Cilaos. Aquí podéis ver el pueblo de Cilaos y al fondo el Piton de neiges por su otra cara.

En el paso de Cilaos a Mafate hay otro muro inmenso de 2100 m y en la parte de arriba hay tres rocas como tres dedos llamadas «les trois salazes». La pequeñita, de unos 20-30 metros, se puede escalar y tiene vistas a ambos circos. Si mi pie y mi vértigo me lo permiten, tal vez tenga la ocasión de llegar hasta allí arriba en algún momento entre abril y mayo.

Vuelta a Mafate. En la foto se puede divisar La Nouvelle, un pueblo maravilloso, aislado del mundo con calles de hierba y vacas como vecinos que recuerda al poblado de Lost. PAra vivir en el circo de Mafate has de haber nacido allí. Si no, no tienes derecho ni a alquilar una casa… ¡Genial!

Por último, nos despedimos de las alturas echando un vistazo al arrecife de coral. Se pueden observar los corales y la barrera que nos salva de ser comidos por los malévolos tiburones y de ser arrastrados por fuertes corrientes marinas.

Esta playa de aquí debajo es Boucan Canot, la playa a la que solía ir cuando no estaba coja, aquí no hay barrera de coral, así que hay olas y es más divertido bañarse, pero yo no entro más de tres o cuatro metros, porque una preciosa bandera naranja con un tiburón dibujado en ella adorna la entrada a la playa.

Et voilà mon voyage en hélicoptère!! Espero que os haya gustado y dado ganas de venir a visitarme!!
Muchos besos.
PD: Me encanta que me dejéis comentarios, pero por favor, firmadlos si usáis nombres falsos para que sepa quiénes sois y si no os conozco, también. Gracias.